MADRIZENIMÁGENES
RECUERDA…
EXPOSICIÓN:
SOROLLA Y LA MODA (2018)
O
cómo perderse entre la luz, los vestidos y los retratos
Hay
exposiciones a las que uno llega por un motivo y termina descubriendo que había
muchos más.
A
mí, a una muestra sobre Sorolla, me lleva casi siempre la misma llamada: la
luz. Esa manera suya de atrapar el sol en un vestido blanco, de hacer vibrar
una tela, de convertir un rostro en algo casi transparente. Pero en Sorolla y
la moda, la luz era solo el principio.

La
exposición, organizada conjuntamente por el Museo Thyssen-Bornemisza y el Museo
Sorolla, proponía un recorrido por la relación entre Joaquín Sorolla y la moda,
y lo hacía de una forma especialmente atractiva: poniendo frente a frente sus
pinturas y los vestidos, joyas y complementos de la época.
La muestra, comisariada por Eloy Martínez de la Pera, reunió alrededor de setenta pinturas procedentes de museos y colecciones privadas, tanto españolas como internacionales, algunas de ellas nunca antes expuestas públicamente. Junto a los cuadros aparecían piezas de indumentaria que permitían mirar de otra manera aquello que tantas veces hemos contemplado en los retratos de Sorolla: un traje, un sombrero, un abanico, un collar, unos guantes.
Porque
sus mujeres no solo están retratadas; también están vestidas, adornadas,
construidas a través de la moda. Los tejidos tienen presencia propia. Las joyas
capturan destellos. Los blancos, los negros y los tonos suaves de las telas
dialogan con la pincelada rápida y luminosa del pintor. Y cuanto más se mira,
más evidente resulta que la ropa en estos cuadros no es un simple complemento.
Quizá por eso los retratos femeninos adquirían en esta exposición una dimensión especial. Podíamos detenernos ante ellos y admirar, como siempre, la pintura, pero también imaginar a esas mujeres fuera del cuadro: entrando en unos grandes almacenes, eligiendo una tela, probándose un sombrero, decidiendo qué joya ponerse…
Y ahí está, para mí, uno de los encantos de Sorolla y la moda: descubrir que detrás de la luz hay también una época.
Quizá esa sea una de las mejores cosas que puede hacer una exposición: conseguir que volvamos a mirar lo que creíamos conocer.
Y
eso es lo que quiso atrapar CARLOS DE LUNA con su inseparable cámara en este
reportaje, al pintor y sus retratos, a Sorolla y su luz, a la mujer y la moda
como espejo del alma del artista…











































































































