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domingo, 23 de agosto de 2026

MADRIZENIMÁGENES RECUERDA…

EXPOSICIÓN: SOROLLA Y LA MODA (2018)

O cómo perderse entre la luz, los vestidos y los retratos

Hay exposiciones a las que uno llega por un motivo y termina descubriendo que había muchos más.

A mí, a una muestra sobre Sorolla, me lleva casi siempre la misma llamada: la luz. Esa manera suya de atrapar el sol en un vestido blanco, de hacer vibrar una tela, de convertir un rostro en algo casi transparente. Pero en Sorolla y la moda, la luz era solo el principio.


La exposición, organizada conjuntamente por el Museo Thyssen-Bornemisza y el Museo Sorolla, proponía un recorrido por la relación entre Joaquín Sorolla y la moda, y lo hacía de una forma especialmente atractiva: poniendo frente a frente sus pinturas y los vestidos, joyas y complementos de la época.

La muestra, comisariada por Eloy Martínez de la Pera, reunió alrededor de setenta pinturas procedentes de museos y colecciones privadas, tanto españolas como internacionales, algunas de ellas nunca antes expuestas públicamente. Junto a los cuadros aparecían piezas de indumentaria que permitían mirar de otra manera aquello que tantas veces hemos contemplado en los retratos de Sorolla: un traje, un sombrero, un abanico, un collar, unos guantes.


Y entonces ocurrió algo curioso. Uno entra buscando a Sorolla y su luz y empieza a perderse en los detalles.

Porque sus mujeres no solo están retratadas; también están vestidas, adornadas, construidas a través de la moda. Los tejidos tienen presencia propia. Las joyas capturan destellos. Los blancos, los negros y los tonos suaves de las telas dialogan con la pincelada rápida y luminosa del pintor. Y cuanto más se mira, más evidente resulta que la ropa en estos cuadros no es un simple complemento.










Sorolla fue un observador atento de su tiempo y, también, un gran amante de la moda. Sus retratos femeninos, especialmente los realizados entre 1890 y 1920, terminan formando una especie de catálogo vivo de la indumentaria de aquellas décadas. Pero es un catálogo mucho más interesante que cualquier revista de moda: en él aparecen mujeres reales, miradas, actitudes, espacios y, sobre todo, una sociedad que está cambiando.





A finales del siglo XIX y comienzos del XX, la mujer empieza a ocupar un lugar diferente en la vida pública. Son los años de las sufragistas, de los grandes almacenes, de una mayor libertad en la elección de la indumentaria. La mujer empieza, poco a poco, a vestirse para sí misma. Y esa transformación también queda atrapada en los lienzos de Sorolla.

Quizá por eso los retratos femeninos adquirían en esta exposición una dimensión especial. Podíamos detenernos ante ellos y admirar, como siempre, la pintura, pero también imaginar a esas mujeres fuera del cuadro: entrando en unos grandes almacenes, eligiendo una tela, probándose un sombrero, decidiendo qué joya ponerse…





La moda se convierte así en una puerta de entrada a una época.

Y ahí está, para mí, uno de los encantos de Sorolla y la moda: descubrir que detrás de la luz hay también una época.



































































Salí de la exposición con la sensación de haber visto a Sorolla desde otro ángulo. Había ido buscando sus playas, sus blancos, sus reflejos y esa luz mediterránea que parece no agotarse nunca. Y terminé fijándome en los vestidos, en los sombreros, en los abanicos y en las joyas. Perdido, felizmente perdido, entre tantos retratos.

Quizá esa sea una de las mejores cosas que puede hacer una exposición: conseguir que volvamos a mirar lo que creíamos conocer.
























Porque Sorolla, incluso cuando habla de moda, sigue hablando de luz.

Y eso es lo que quiso atrapar CARLOS DE LUNA con su inseparable cámara en este reportaje, al pintor y sus retratos, a Sorolla y su luz, a la mujer y la moda como espejo del alma del artista…