La
casa donde los personajes de Mingote salen al balcón
En
Madrid hay edificios que se contemplan. Y hay otros que hay que descubrir. La
llamada Casa de Mingote pertenece a esta segunda categoría.
Madrid
tiene la extraordinaria capacidad de esconder pequeños tesoros a plena vista. A
menudo caminamos con prisa, pendientes del siguiente semáforo o del escaparate
de turno, sin reparar en que, unos metros por encima de nuestras cabezas, la
ciudad nos está contando una historia.
Eso
ocurre en la plaza de Cristino Martos, junto al barrio de Conde Duque.
Allí se alza un edificio que muchos conocen como la Casa de Mingote, aunque nunca fue la vivienda del reconocido dibujante. Su singularidad reside en algo mucho más original: la fachada está habitada por los personajes que Antonio Mingote imaginó durante toda una vida.
La intervención se realizó a principios de los años noventa como homenaje al artista y constituye uno de esos ejemplos de arte urbano que se integran con tanta naturalidad en la arquitectura que terminan formando parte del paisaje cotidiano. Quizá por eso muchos madrileños y visitantes pasan junto a ella sin advertir que están contemplando una de las fachadas más originales de la capital.
La próxima vez que pase por la plaza de Cristino Martos, haga una pausa.
Es posible que se encuentre con una dama saludando desde un balcón, un caballero vigilando la plaza o alguno de esos inconfundibles personajes de Mingote contemplando, con una sonrisa cómplice, el incesante ir y venir de los madrileños.
Además
puede verse también una placa dedicada al dibujante, recordando el afecto que
Madrid siempre le profesó. Es un detalle discreto, como lo es el propio
edificio, que no busca convertirse en un gran monumento sino sorprender a quien
se toma el tiempo de mirar.
Quizá
ese sea el verdadero encanto de esta casa. No figura entre las visitas
imprescindibles de las guías turísticas, ni suele aparecer en los itinerarios
habituales. Sin embargo, representa a la perfección esa otra cara de Madrid
formada por rincones inesperados, pequeños homenajes y curiosidades que esperan
pacientemente a ser descubiertas.







































