Consuegra,
donde los molinos aún dominan La Mancha

“—La
ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque
ves allí, amigo José Luis, donde se descubren diez o pocos más desaforados
gigantes, con quien pienso hacer fotografías, con los que luego subiré al blog,
que esta es buena idea, y es gran servicio de Dios hacer las más bellas
imágenes sobre la faz de la tierra.
—¿Qué
gigantes? —dijo José Luis.
—Aquellos
que allí ves —respondió Don Carlos de Luna y Béjar—, de los brazos largos, que
los suelen tener algunos de casi dos leguas.
—Mire
usted —respondió José Luis— que aquellos que allí se parecen no son gigantes,
sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que,
volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.
—Bien
parece —respondió Don Carlos— que no estás cursado en esto de las aventuras
fotográficas: ellos son gigantes; y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en
oración en el espacio que yo voy a entrar con la cámara en ristre para conseguir
esas bellas imágenes de las que te hablé.”
….
Cinco
de los doce molinos conservan su maquinaria íntegra y permanecen operativos, un
patrimonio excepcional que mantiene vivo el recuerdo de la antigua tradición
molinera manchega.
Aquí,
los molinos ya no son gigantes contra los que combatir. Son los guardianes de
un paisaje que parece detenido en el tiempo.
Un
paisaje para contemplar, para recorrer despacio y, sobre todo, para
fotografiar.
Hay
paisajes que parecen sacados de un libro, o así…
En Consuegra, basta
subir al Cerro Calderico para encontrarse con una de las imágenes más
emblemáticas de La Mancha: doce molinos de viento alineados sobre la cima,
mirando hacia una llanura que parece no tener fin.
Son
los famosos gigantes de Consuegra, protagonistas de uno de los paisajes más
fotogénicos de Castilla-La Mancha.
Sus
siluetas blancas, sus aspas y el horizonte manchego crean una estampa que
cambia con cada hora del día y que alcanza una belleza especial al amanecer o
cuando cae la tarde.
Cada
uno de los doce molinos tiene su propio nombre. Sancho, Rucio, Espartero,
Clavileño, Caballero del Verde Gabán, Alcancía o Vista Alegre, entre otros, evocan
tanto las tradiciones locales como el universo de Miguel de Cervantes.
“¿No
le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino
molinos de viento, y no lo podía ignorar sino quien llevase otros tales en la
cabeza?
—Calla, amigo José Luis —respondió Don Carlos de Luna—, que las cosas de la imagen más que otras están sujetas a continua mudanza; cuanto más, que yo pienso, y es así verdad, que estos gigantes convertidos en molinos, pero nadie ha conseguido cambiar que consiga esos gigantes o molinos para fotografiarlos aun ellos se negasen con su continuo movimiento de brazos o aspas, tal como dices, porque ya los he inmortalizado para mi blog…”
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