LA WUNDERKAMMER DE ANA JUAN EN CENTROCENTRO
Pero
aquí el concepto se transforma: no se trata de coleccionar lo extraño, sino de
ordenar lo inabarcable.
Durante
el último año, Ana Juan ha trabajado en esta idea como eje creativo,
convirtiéndola en una herramienta para enfrentarse al desconcierto
contemporáneo.
“Wunderkammer”
tampoco es una exposición retrospectiva de la artista.
En la quinta planta de CentroCentro, la artista Ana Juan despliega “Wunderkammer”, un proyecto que trasciende cualquier definición convencional de exposición. Lejos de ser una retrospectiva o un gabinete de curiosidades al uso, esta propuesta se construye como un territorio mental, un espacio de pensamiento donde la artista explora —y nos invita a explorar— su forma de entender la realidad.
Ana
Juan le ofrece al visitante todo un muestrario iconográfico de seres y figuras
imaginarias que se relacionan, luchan, conviven, se transforman, con la idea de
que cada uno pueda generar sus conexiones e historias individuales. Como en Las
Metamorfosis de Ovidio, cada obra narra una historia que a su vez extiende su
narración a otras, de manera que cada elemento y cada individuo es todo y parte
de un universo global.
En esta exposición, el trabajo de Ana Juan continúa centrado en su medio de expresión habitual, el dibujo, el lenguaje plástico con el que la artista se relaciona y dialoga con el mundo. Ana Juan nos lo muestra de manera clásica sobre papel para ir luego investigando y desarrollando nuevas líneas que desembocan en la escultura o la animación. La exposición, además, es un escenario perfecto para observar la profundidad y la fuerza del dibujo de Ana Juan, el virtuosismo plástico y la viveza expresiva de unas obras realizadas a la manera clásica que derivan en contemporaneidad y lenguajes plásticos de actualidad.
“Wunderkammer” es, en definitiva, una experiencia que oscila entre la fascinación y la inquietud. Una invitación a mirar despacio, a establecer conexiones propias, a aceptar que el sentido no siempre es único ni cerrado. Porque, como sugiere Ana Juan, quizá el arte no sirva para explicar el mundo… pero sí para hacerlo habitable.



































































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